jueves, 13 de mayo de 2010

Bambú

Sí, la misma que comen los osos panda.
¿Sabían que la semilla de bambú tarda 7 años en germinar? Yo, personalmente, no tenía idea, fueron mis sempai quienes me culturizaron respecto al tema. Junto con explicarme esto, se me ocurrió una analogía, en mis tiempos de ocio, entre el bambú y la vida.
Va más o menos así:

El bambú tarda 7 años en madurar, y sólo 6 semanas en alcanzar los 30 metros de altura. ¿Se imaginan un niño de 10 años que, por bromear, planta decenas de semillas y se va a su casa? Vaya sorpresa que se llevaría al volver, 10 años después, al mismo lugar (tal vez para rememorar tiempos pasados) y se da cuenta que ha creado un hermoso bosque de bambúes.
7 años en crear una intrincada red de raíces, para tan sólo en 6 semanas ser algo tan simbólico.

¿Y la analogía? - Se preguntarán - ¿Dónde quedó? Pues bien, no defraudaré a nadie.
Solemos llevar a cabo nuestras acciones bajo la base de los resultados rápidos. Incontables veces hemos tomado el camino rápido, que no necesariamente es el más fructífero, para alcanzar nuestro deseo. ¿Cuál es la finalidad de eso? Ninguna, todo aquello que sea rápido y brusco siempre será pasajero.

Los verdaderos cambios vienen de forma gradual, imperceptibles, excepto cuando se mira en retrospectiva. Poco a poco vamos cambiando nuestras mañas, nuestras maneras de actuar, nuestras reacciones a ciertas situaciones, para poder encontrar algo de profundidad en nuestro quehacer diario. Todo eso es lento, poco a poco se crea; hábitos, si se quiere decir de tal manera.

Cuando nos vemos forzados a tomar una directriz que toma más tiempo del que nosotros creemos conveniente, tendemos a frustrarnos, a creer que no está dando resultado. Una completa mentira; tendemos a tirar la toalla en el último momento, justo antes de que el cambio monumental tome lugar. En cambio, si tomamos una postura pasiva, como la del bambú, dejamos que las cosas sigan su curso natural, sigan creciendo dentro de nosotros. La sabiduría, por ejemplo, no está dada por quién aprende mayor cantidad de cosas en el menor tiempo posible, sino por cuántos conceptos quedan internalizados en nosotros como personas y que, posteriormente, nacen a la luz cuando menos lo esperamos.

Es un poco como la historia de la liebre y la tortuga. ¿Quién gana? La tortuga; porque el conejo puso tanto ahínco en llegar rápido a la meta que se cansó a mitad de camino, mientras que la tortuga, con su paso lento y constante, llegó finalmente a la meta.

Entonces... ¿cuál es la finalidad de esto? Para mí, tenerlo presente y plasmarlo, esperando que a alguien le pueda servir a alguien. Todo lo gradual es bueno, imperecedero tal vez; mientras que todo lo rápido es transitorio, fugaz. Si queremos llegar a un nivel de mayor maduración, y esto lo digo con mucha convicción, debemos ser graduales, avanzar a nuestra velocidad y no a la velocidad que el resto nos dice que vayamos. Si no comprendemos algo en el momento, ¿a quién le importa? Tengo una vida entera por delante para comprenderlo a cabalidad, y cuando ese entendimiento llegue, será perpetuo, estoico. Será, así de simple.

Para finalizar: seamos como el bambú, disfrutemos el tiempo de crecimiento y asombrémosnos cuando lleguen los resultados. Puede que, por ser pacientes y constantes, recibamos mucho más de lo que pensábamos que necesitábamos.

La vida es bella, fluctuante, siempre en movimiento, he ahí la belleza de lo que a mí me gusta llamar vida. Ningún día es igual, y yo no soy igual a como era ayer, ni seré igual mañana. Siempre seré distinto; más maduro, más intelectual, más culto. Ruego jamás perderme del camino que me guía actualmente y, en caso de que me extravíe un poco, tener la sabiduría de percatarme y enmendarme lo más rápido posible. En caso de que no pueda enmendarme... no importa; a veces un nuevo inicio es lo mejor que nos puede pasar. Es lo que me pasó a mí. Decidí empezar desde cero nuevamente, y ahora, como dice mi muy querida amiga Tamara: "Eres un bebé que acaba de nacer, pero que tiene la ventaja de que ahora sabes qué errores no volver a cometer"

Te quiero mucho pigmea, espero que nuestro lazo de amistad sólo siga haciéndose más fuerte con el pasar de los años. ¿Te imaginas un día, después de 40 años, nos sentemos frente a la playa y conversemos sobre nuestras vidas? Te obligaré a llevar una semilla de bambú, yo llevaré la mía y las plantaremos en algún lugar idílico para que crezcan. Volveremos después a aquel lugar, después de 7 años, para ver el fruto de esas semillas. En el caso de que yo no esté, porque sinceramente no creo vivir tanto y tú sí estés, te acuerdes de mí, y de la analogía que he hecho en este momento sobre el bambú.

Todo tiene solución amiga de mi alma, es sólo que, a veces, es complicada verla y encontrarla.

1 comentario:

Jambi dijo...

El tiempo, querido amigo, el tiempo me cuesta sobrellevarlo. Es una cosa de mi naturaleza, que me cueste esperar, y suelo lanzar la toalla.. sería bueno ser un bambú.
Y si, plantaremos semillas en el bosque de zarzamoras, y me romperé de nuevo las rodillas, me cargarás de nuevo para cruzar el río (xD), así que existirás, porque no podría cruzarlo sola (como muchos ríos hasta el momento..). No, no habría podido sola, quizá dónde estaría ahora...
Te quiero mucho amigo, definitivamente eres el mejor amigo del mundo :)