¿Quién no se habrá hecho esta pregunta en el curso de su vida?Bueno, resulta que me la hice hace un par de meses, pero no le di mayor importancia porque estudio algo que realmente me llama mucho la atención, me atrae y me mantiene. La diferencia recae en que, hasta ese momento, no había considerado el ámbito laboral.
Me gusta escuchar a la gente, tratar de ayudarla, darles sugerencias para que sus vidas sean más alegres o amenas en los casos más pesimistas, pero... yo también me aburro.
Hay ocasiones en las cuales no hay nada más gratificante que ayudar a alguien; pero otras en donde no quiero ni siquiera que me pregunten cómo estoy. Pasa mucho por un tema anímico que, probablemente, en el curso de mi carrera aprenderé a lidiar, ¿pero ahora? Es algo que pesa mucho. Escuchar cinco días a la semana los problemas de extraños y ayudarles a superarlos. Tal vez sea una asunción adelantada e irresponsable de mi parte, pero en lo que mi corta vida me ha enseñado es que tiendo a aburrirme de las cosas que hago todos los días. Hay ciertas excepciones, claramente, pero mi carrera no es una de ellas.
Ahora, en cambio, tenemos lo otro, que por la foto deben suponer qué es. Algo que me apasiona en todo ámbito, que me incita a hacerlo incluso bajo condiciones adversas. Sin importar el cansancio físico o mental, el clima, de día o de noche, siempre encuentro motivación para llevarlo a cabo. Para variar, es algo que no me aburre. Si no tuviera otras cosas que hacer, probablemente lo haría todo el día. Interesante, ¿no? Una de las cosas que me apasiona se caracteriza por formar un carácter y un temple envidiable para muchas personas, una dedicación impecable, una disciplina inmancillada, un cierto código de honor intrínseco. Desde diferentes puntos de vista, tienen mucha relación. Mi carrera enseña a comprender a los otros, mientras que mi pasión enseña comprenderse a uno mismo.
¿Qué será lo que me motiva más a una cosa y no a la otra? Probablemente lo que llamo "el bichito". Me es difícil concebir que algo que nació a mediados de mi pubertad/adolescencia tenga más importancia que algo que me ha llamado la atención desde mi niñez.
No había conversado con nadie este tema, excepto hace un par de semanas; pero lo hablé profundamente hace un par de días. Noté que mi punto de vista es compartido entre varias personas. Hacer lo que a uno le apasiona es, a mi modo de ver, mucho más importante y gratificante que hacer algo que nos llene de dinero. A fin de cuentas, cuando nuestro amigo con la guadaña toque la puerta, nuestro superávit poco importa. Se nota mucho en una frase que aprendí hacer un par de años: "Cuando la muerte nos sonríe, todo lo que podemos hacer es sonreír de vuelta".
No quiero que se tome como que estoy tirando la toalla por algún motivo, todo lo contrario, mi pasión incita a que siga en mi carrera. Comprender a mi entorno es una parte vital para comprenderme a mí mismo, al fin y al cabo, lo que nos rodea también forma nuestro carácter y personalidad.
Pensar que en seis años, si mi rendimiento lo permite, estaré titulado y toda esa parafernalia (nunca me ha gustado mucho el tema de que tengo que tener un diploma como certificado de mi conocimiento). Es algo que me ánima, pero, en cierta medida, no me motiva directamente. En cambio, mi pasión me incita a resultados más abstractos, más subjetivos, personales, se podría decir. Es irónico que diga la cuestión de los certificados cuando mi pasión incita a lo mismo pero de otra manera, con los cinturones; pero siempre he pensado que sólo sirven para sostener el pantalón, a fin de cuentas, el color del cinto no es directamente proporcional al conocimiento que tengo.
Uno tiende a la objetivización de ciertas perspectivas en la vida, la otra a la subjetivización. Si ejerzo mi carrera cómo se me dé la gana, a mi manera, probablemente me den una patada en el trasero; pero en mi pasión, mientras más toques personales le entregue, más personal se convierte.
Toda esta divagación que quise hacer es complementaria, vale la pena mencionarlo. Puede que, en el futuro, pueda ejercer ambas. Mi pasión como elemento principal de mi vida y mi carrera como elemento complementario. Hermoso, ¿cierto?. Quién sabe. Tal vez en el futuro me vea dando charlas sobre psicoanálisis y, de manera paralela, enseñando kárate, haciendo analogías entre ambas, buscando significados en la filosofía oriental, viendo las aristas que colindan entre la vida diaria y mi pasión. (Es extraño que, en mi conocimiento, no se enseñe filosofía oriental en occidente de manera "obligatoria", por así decirlo, pero hay muchas cosas que encuentro que, si la gente las aplicara en su vida diaria, no serían tan monótonas).
Otra ironía. Hablar de monotonía bajo este contexto. Cuando mi pasión se caracteriza por la reiteración de acciones. En cierto punto es bonito, para aquellos que también lo practican; darse cuenta que, independiente de que una cierta técnica se repita innumerables veces, siempre habrá algo que modificar, agudizar, mejorar. Lo entretenido es que, cuando hemos cumplido con nuestras exigencias, tendemos a querer crear cosas nuevas. Hermoso, si me preguntan a mí; crear algo nuevo de algo monótono.
Es una linda meta. En algún futuro, preparar todos los días una clase, adecuarla para los grados a los que impartiré la clase y, cuando la hora llegue, vestirme con mi Kai Kogui e ir a enseñar. Es lindo enseñar, pero es precioso enseñar a gente que realmente quiere aprender. Ver esa mirada de gratificación en sus ojos, de agradecimiento, de humildad mutua. ¿No digo yo que si todos fuéramos un poco más orientales en nuestras maneras de vida, tal vez viviríamos más pacíficamente?
Viajar a través del mundo a lugares donde otras personas compartan mi pasión. Dialogar con ellos sobre eso, mejorar aspectos para las generaciones futuras que compartan nuestra disciplina y pasión. ¿Quién sabe? Tal vez, algún día, cuando tenga 75 u 80 años, estaré conversando en Okinawa con los tataranietos de los fundadores de mi pasión y, escribamos un libro juntos sobre la historia completa de nuestra pasión.
Sinceramente, si me dieran a elegir en este momento; preferiría seguir el "Camino de las Manos Vacías" antes que la Psicología. No puedo negar que, en mi carrera he aprendido muchas cosas sobre mí mismo y, simplemente, amo las aristas que colindan entre mi pasión y mi carrera.
Creo que, mi pasión es Kárate y mi hobby es la psicología. Pero no nos adelantemos, quién sabe qué cosas puede cambiar en el transcurso del tiempo.
Quiero finalizar con unas palabras de Ritsuke Otake: "No tengas nada que ganar y no tendrás nada que perder. Al no tener nada que perder, ganarás siempre"